Persistir con propósito: mi manera de mantenerme fiel a mi visión

Con el tiempo he aprendido que, en el mundo creativo, persistir no significa aferrarse ciegamente a una idea, sino caminar con propósito, incluso cuando el camino parece avanzar lento. En un entorno donde las tendencias cambian cada cinco minutos y la validación externa se vuelve una tentación constante, descubrí que mi trabajo —como fotógrafo y diseñador— solo tiene sentido cuando nace de un espacio profundamente personal. Persistir, para mí, es un acto de honestidad.

Todo comienza con una pregunta que me hago desde que empecé: ¿qué quiero decir con lo que creo? Antes de pensar en números, reconocimiento o expectativas ajenas, necesito volver a la esencia. Porque la visión personal no es un eslogan ni un estilo fijo: es una conversación íntima que uno sostiene consigo mismo, una que cambia, madura y se transforma… pero nunca se traiciona. He entendido que seguir mi propio hilo narrativo puede tomar más tiempo, pero cuando conecta con alguien, lo hace de una forma más profunda y auténtica.

La constancia, en este viaje, rara vez se siente heroica. Muchas veces es silenciosa, solitaria y llena de dudas. Y aun así, ha sido mi mejor maestra. Persistir no es insistir tercamente; es confiar en que el trabajo honesto, repetido con intención, está construyendo algo que a veces ni siquiera alcanzo a ver todavía. Cada error, cada proyecto que no funcionó, cada pausa forzada… todo ha sido parte del mismo proceso que me ha ayudado a depurar, a afinar y a fortalecer mi visión sin abandonarla.

También he aprendido que decir “no” es tan importante como seguir adelante. Decir no a proyectos que no resuenan conmigo, no a caminos rápidos que exigen sacrificar identidad, no a producir por producir. Decir no también es persistir, porque protege el espacio donde mi trabajo realmente puede crecer. Elegir con claridad ha sido una forma de avanzar con dirección, no solo con movimiento.

Y cuando el propósito está claro, algo en uno se acomoda. La motivación deja de depender de aplausos o métricas. El trabajo se convierte en un impulso interno, en una necesidad emocional más que en una obligación. El propósito es ese ancla que me sostiene en los momentos difíciles, cuando los resultados no llegan o cuando la voz de la duda suena más fuerte de lo normal.

Con el tiempo entendí que esta forma de persistir no es exclusiva del mundo creativo. Se puede aplicar a cualquier proyecto de vida. Avanzar con propósito es simplemente una manera de relacionarse mejor con el tiempo, con el fracaso y con uno mismo. Es aceptar que todo lo que vale la pena toma su propio ritmo, y que nuestro único deber es mantenernos fieles a lo que somos mientras caminamos.

Y al final, creo que eso es lo que más me ha enseñado este camino: que la coherencia con uno mismo siempre rinde frutos, aunque tarde. Persistir con propósito no es la ruta más rápida, pero sí la más verdadera.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio